Mostrando entradas con la etiqueta DSM-IV. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DSM-IV. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de marzo de 2011

Violencia doméstica.... ¿preguntas sin respuestas?

Otro de los problemas, que ya abundan, de este siglo es la, tan tristemente escuchada, violencia doméstica. Se trata del conjunto de las formas de violencia que se ejercen en el hogar, cualesquiera que sean las personas que las ejercen y las que las sufren. Por ello, no hablamos de la "violencia familiar" o la "violencia contra las mujeres", pues puede darse también el caso de que una persona viva sola y esté sometida a violencia, o que sea unas veces maltratadora y otras veces víctima de maltrato, es la razón por la que es mejor hablar de aquella violencia que se ejerce en el ámbito privado del hogar.

En este apartado trataré de dar respuesta a ciertas preguntas que, quizás, nos hagamos cada vez que los medios de comunicación nos hablan de este fenómeno. Así:

- ¿Proviene el hombre violento solamente de entornos desfavorecidos?: No, hay maltratadores en todos los estratos sociales. A lo sumo, podemos decir que algunas formas de violencia son más visibles en determinados entornos, y así va encaminada la hipótesis más fiable actualmente, las formas de violencia que padece una mujer son proporcionales a su grado de sumisión económica y/o cultural.

- ¿Tiene "dos rostros" o doble personalidad la persona violenta?:
Si tu pareja sólo es violento de vez en cuando, es decir, que, fuera de los 
períodos en que te agrede, es un marido (en su caso) perfecto, un buen padre... es que tiene doble personalidad. Esto es falso.Este mito se adapta
a medida que aumentan nuestros conocimientos sobre la violencia doméstica. El hombre (en su caso) violento no agrede todos los días, quiere que las personas de su entorno se sometan a sus deseos y los cumplan. No tiene doble personalidad, generalmente ama a su pareja, pero no soporta que le lleve la contraria.

- ¿Es la violencia una pérdida de control?: Bajo esta idea, podríamos confirmar esos arrebatos que invaden el cuerpo, liberación de energía desbordada, se trata básicamente del mecanismo de la ira que todos conocemos, seamos violentos o no. La diferencia en las personas que agreden se sitúa antes, antes de la ira y antes de los golpes. Sin haber perdido aún el control, estas personas controlan de forma permanente a quienes les rodean y a sí mismos. 

-  ¿Existen también manifestaciones de violencia doméstica en las parejas homosexuales?: Cierto es que nadie está a salvo de ser víctima de violencia, sin embargo, en el caso de las parejas homosexuales hay ciertas diferencias, contando con la escasez de investigaciones que hay al respecto. No todas las parejas homosexuales funcionan basándose en una distinción que reproduce la división hombre/mujer de las parejas heterosexuales (aquí no hablamos de hombre y mujer como sexo, sino como género y rol). Por consiguiente, no podemos dejarnos llevar por esa simple división, pensando que, en el caso de una pareja de hombres, existan más probabilidades de que exista violencia por tratarse del sexo masculino (generalmente, más violento). Es más, se ha investigado que, haciendo un estudio comparativo entre parejas lesbianas y parejas de hombres homosexuales, existen más casos de violencia en las mujeres respecto a la sumisión/dominación de éstas. 

Espero, con esto,  que se hayan resuelto algunas dudas de este fenómeno que tan "moderno" se ha convertido, tristemente. Finalizo así preguntándome: ¿se puede abolir la violencia de género? ¿cómo podemos gestionar los conflictos en las relaciones en las que ya no hay dominación entre hombres y mujeres?.. ojalá nos hallemos en una etapa de transformación social en nuestra gestión diaria de las relaciones entre hombres y mujeres...

Gracias a Daniel Welzer-Lang, por ese libro tan magnífico.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Depresión.... esa horrible palabra!!

Primeramente, quiero disculparme ante todos mis lectores por estos meses de plena ausencia. Actualmente, me encuentro cursando una beca de estudios en Paris y, por tanto, el tiempo que disponía para hacer cosas que tanto me gustan como escribir en mi blog se ha visto inmensamente alterado. No obstante, vuelvo con más ganas que nunca e igual de reivindicativo que siempre así que os digo de nuevo: Bienvenidos a mi blog, a mis pensamientos escritos, a mi forma de ver la gran ciencia de la Psicología.

Llevaba tiempo con ganas de compartir algo con vosotros, una idea, un sentimiento. Constantemente, tanto en la calle, como en casa, como en los medios de comunicación, empleamos una serie de palabras para describir los propios estados de ánimo, pero, ¿sabemos realmente qué estamos diciendo? ¿sabemos todo lo que implica decir "tengo depresión", "estoy depre"?

Un Trastorno Depresivo Mayor es algo mucho más complicado de lo que creemos, no es el mero sentimiento de tristeza por el que te atreves a decirle a tus más allegados que "estás depre", se trata de un conjunto muy amplio de síntomas (al menos cinco han de darse simultáneamente) que han de durar como mínimo dos semanas y persisten durante más de dos meses, lo cual implica un cambio respecto a la actividad previa. 



La sintomatología precisa es (según el manual de criterios diagnósticos DSM-IV-TR):
- Estado de ánimo depresivo durante el día, casi cada dia. (En niños y adolescentes el estado de ánimo puede ser irritable)
- Disminución del interés o de la capacidad para disfrutar de las actividades que anteriormente resultaban placenteras.
- Pérdida importante de peso (sin régimen), o aumento considerable, o del apetito.
- Insomnio o Hipersomnia diarios.
- Agitación o enlentecimiento psicomotores casi cada día.
- Fatiga o pérdida de energía.
- Sentimientos excesivos o inapropiados de inutilidad o culpa.
- Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse, o indecisión.
- Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente sin un plan específico, tentativa de suicidio o plan específico para suicidarse.

Como veis, para que una persona tenga realmente DEPRESIÓN han de darse conjuntamente varios síntomas y durante un tiempo determinado. Como leí una vez, es verdad que todos tenemos de todo: todos hemos tenido temores, nos hemos sentido tristes, nos hemos inquietado sin saber por qué y hemos tenido momentos de angustia.
La diferencia estriba en que esas emociones y esos sentimientos no constituyen “síntomas” ni forman síndromes.
Creemos que somos únicos y que nadie nos conoce realmente: el dolor y el sufrimiento son experiencias personales, cada uno sabe donde aprieta su zapatoes cierto; pero no es menos cierto que “sentir y vivir” no correlaciona con patología:  una cosa es “estar triste” y otra “estar deprimido”.

Por consiguiente, si tienes un mal día, una mala etapa, una mala racha, en la que las cosas no te van todo lo bien que tu quisieras, y por ello estás triste, sin ganas de salir a la calle o relacionarte con tus amigos, has de tener en cuenta y saber que no tienes depresión, pues para ello se requiere mucho. Sólo tienes que pensar de otra manera, abrir tu mente, darte cuenta que tienes muchísimas cosas por las que ser feliz, tienes a tu alrededor a gente que te quiere, y merecen que tú estés bien, tienes que saber que las cosas pueden cambiar, todo puede cambiar, sólo tienes que querer, sólo eso, poner de tu parte, ponerte guap@, salir a la calle, disfrutar de la gente que siempre está contigo, y ser consciente que la vida es muy muy corta, y no tenemos tiempo para desaprovecharla. Hoy es 24 de diciembre, sal y disfruta!





viernes, 20 de agosto de 2010

Vaginismo, el miedo a la penetración

Desde diferentes épocas historicas, la humanidad ha pretendido mejorar las técnicas amorosas intentando conseguir un mayor placer y satisfacción sexual. Sin embargo, siempre ha existido un especial interés hacia el comportamiento sexual anómalo y sus consecuencias, siendo frecuentes las dificultades que tienen muchas personas para conseguir una adecuada satisfacción en su vida sexual. Así, tal y como afirma Labrador (1987), "las disfunciones sexuales son un conjunto de problemas de índole diversa que impiden o dificulta a la persona disfrutar de forma satisfactoria de la sexualidad". La investigación de Master y Johnson (1966) ha aportado la información básica para el actual abordaje diagnóstico y terapéutico de estas disfunciones ante la estimulación sexual, interna o externa.

Una de las disfunciones sexuales que le ocurren a la mujer es el vaginismo, clasificado por el DSM-IV como uno de los trastornos sexuales por dolor. El vaginismo se da cuando existe una gran dificultad para conseguir una penetración normal durante el acto sexual, pues la vagina se contrae involuntariamente, no permitiendo el paso del pene. Esta rigidez del músculo vaginal provoca dolor en la mujer.


La causa principal de este trastorno es el miedo, un temor desproporcionado y, en ocasiones,  irracional, causado por posibles factores como una educación estricta llena de prohibiciones, sentimientos de culpabilidad causados por conductas incestuosas durante la infancia o una primera tentativa de relaciones sexuales dolorosas o traumatizantes, entre otros.

El tratamiento del vaginismo es breve y sencillo, obteniendo una de las más altas cotas de eficacia de la terapia sexual. Así, se pretende eliminar temores e ideas irracionales de la mujer acerca de los propios genitales, especialmente la idea irracional de que la vagina es demasiado pequeña para albergar el pene, así como la idea de que la penetración produce molestia o dolor. Se pretende también lograr el autocontrol de la mujer sobre su musculatura perivaginal y extinguir la contracción refleja (involuntaria) de los músculos perivaginales ante la inserción del pene.

Tras una serie de tareas individuales que llevaría a cabo sólo la mujer, más una serie de tareas conjuntas con su pareja (las cuales conforman el tratamiento del vaginismo), si se llega a tener una penetración libre de molestias y ansiedad, el problema estará solucionado.